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Necesidad e Importancia de un Plan de Uso de Terrenos para Puerto Rico
por Agro. Jessica Medina, Servicio de Extensión Agrícola en Guaynabo
Especial para Agrotemas

El 3 de octubre de 2004 se decretó en Puerto Rico la Ley #550 del Plan de Uso de Terrenos de Puerto Rico (PUTPR), con el propósito de establecer una herramienta de planificación principal que busque el “desarrollo sustentable” de nuestro país.

Sin embargo, desde el 1975, mediante mandato de la Ley #75 de Reestructuración de la Junta de Planificación (JP), la JP tenía la responsabilidad de desarrollar un Plan de Desarrollo Integral para PR y el PUTPR, con lo cual, hasta el momento no ha cumplido. Actualmente la JP incumple nuevamente con Ley #550, puesto que por mandato de ésta, el PUTPR debió estar aprobado e implantado al 31 de noviembre de 2006. La Ley #550 establece además la preferencia del PUTPR sobre los Planes de Ordenamiento Territorial Municipales (POT’s).

No obstante, la JP continúa aprobando POT’s sin contar con un PUTPR que dirija el uso adecuado de los recursos de manera integral. Hasta el momento alrededor de 26 POT’s han sido aprobados por la JP.

Este incumplimiento de la JP con las leyes fundamentales que rigen su deber ministerial de planificar y promover el desarrollo integral de Puerto Rico, ha provocado el uso indiscriminado y la destrucción de gran parte de nuestros recursos naturales y agrícolas. Esto, sin lugar a dudas, ha desatado grandes impactos residuales en la calidad de vida y la seguridad física y económica de nuestra población.

Se dice que el desarrollo y la seguridad del ser humano están estrechamente relacionados con la productividad de los ecosistemas naturales. Esto hace imperante y prioritario para cada nación la planificación adecuada del uso de sus recursos. Un país que no planifique el uso adecuado de sus recursos dificulta el poder desarrollarse económica y socialmente de manera sostenible y atenta contra su subsistencia. El Instituto de Recursos Mundiales, ha reconocido cinco (5) tipos o categorías de ecosistemas naturales importantes para la sustentabilidad de cualquier país. Estos ecosistemas son: bosques, pasturas, sistemas de agua fresca, ecosistemas costeros y ecosistemas agrícolas, todos presentes en Puerto Rico. Son responsables de proveer los productos primarios para la vida: alimento, oxígeno y agua; así como, los servicios básicos del sistema natural de vida como: la purificación del aire y agua, el control climático, el reciclaje natural de nutrientes y la productividad del suelo. Su conversión a otros usos, altera su estructura natural y su función, siendo los ecosistemas agrícolas uno de los más afectados en el caso de Puerto Rico.

Tradicionalmente, en Puerto Rico se tiende a pensar que sustentabilidad es la búsqueda de un desarrollo equilibrado entre el desarrollo de infraestructura y servicios urbanos y la conservación de los recursos naturales, pero no se piensa en los ecosistemas agrícolas como un recurso esencial para lograr ese llamado desarrollo sustentable. Los ecosistemas agrícolas son un recurso natural limitado y no renovable. Son la fuente principal para la producción de alimentos y de otros servicios de gran valor social, histórico y cultural. Además, los ecosistemas agrícolas bajo buenas prácticas de conservación proveen otros beneficios ecológicos y ambientales que incluyen: preservación del hábitat de vida silvestre, conservación de la calidad y el abasto del agua, conservación de la calidad del aire, control de inundaciones y erosión, recarga de los acuíferos, secuestración de carbono y prolongación de la vida útil del suelo. Sin embargo, la razón principal para considerar a los ecosistemas agrícolas como un recurso esencial en los procesos de planificación del uso del suelo y el desarrollo sustentable de Puerto Rico estriba en proveer seguridad alimentaria a la población.

La “Organización Mundial de Alimento y Agricultura” (FAO, por sus siglas en inglés) dice que existe seguridad alimentaria “cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades nutricionales y sus preferencias alimentarias a fin de llevar una vida activa y sana”. En Puerto Rico se ha estimado que alrededor del 85 al 90 por ciento de los productos que se consumen son importados (Colegio de Agrónomos de Puerto Rico), y alrededor del 36 % de nuestra población depende de asistencia nutricional (PAN). Datos recientes de la Asociación de Agricultores de PR, indican que la producción agrícola actual puede proveer productos frescos para mas o menos 10 días, y si se incluyen los alimentos perecederos para más o menos un mes. Esto nos expone ante una situación muy vulnerable frente a eventos catastróficos o cambios de política pública Internacional que puedan afectar el flujo de bienes a la isla.

La entidad “Internacional de Acción Poblacional” estima que 0.17 cuerdas por persona es el mínimo de tierra arable requerida para alimentar a una persona bajo una dieta vegetariana (Engelman R. & P. LeRoy. 1995). Basándonos en esta recomendación, la cual resulta ser la más conservadora, Puerto Rico necesitaría un mínimo de 737,927 cuerdas de tierra arable para proveer seguridad alimentaria a nuestra población. Sin embargo, en el caso de una dieta que incluya carnes como la nuestra, se requeriría entre 1.47 a 5.2 millones cdas. (Estimados basados en Eswaran, H., F. Beinroth, and P. Reich. 1999).

Datos del Censo Agrícola Federal indican que en Puerto Rico para el 2002 la cantidad de tierras en uso agrícola era de 690,693, siendo la Región Central el área con mayor cantidad de terrenos en uso agrícola (225,255 cuerdas). Aunque podríamos pensar que estos datos nos acercan al mínimo de tierra arable recomendado bajo una dieta vegetariana, hay que señalar que estas 690,693 cuerdas incluyen áreas en producción de otros cultivos que no necesariamente son productos alimentarios, cuyas características topográficas no favorecerían el ser convertidas al cultivo de granos, por ejemplo. Por otro lado, actualmente solo alrededor de un 3.8 por ciento de los terrenos en Puerto Rico están protegidos como Reservas Agrícolas, lo que mantiene aún vulnerables ante la especulación y cambios de uso a la mayor parte de nuestras mejores tierras agrícolas. En los pasados 24 años en Puerto Rico, el cambio de uso de tierras agrícolas ha sido de alrededor de un 30 por ciento, de cuya tasa el 60 por ciento ocurrió solo en el último período de cuatro años (1998-2002). Se ha estimado que de seguir el patrón de pérdidas observado entre el 1998 y 2002 podríamos perder la totalidad de las tierras agrícolas en los próximos 16 años.

Gracias a la nueva herramienta de agrupación de Zonas Agro-ecológicas del Servicio de Conservación de Recursos Naturales, Área del Caribe (NRCS), se ha podido identificar alrededor del 46 por ciento (1, 035,997 cuerdas) del territorio nacional con potencial agrícola, aún con los impactos ya atribuidos a la conversión de gran parte de nuestros ecosistemas agrícolas. Esto nos ofrece grandes expectativas y valiosa información científica para sustentar y defender la conservación y protección de nuestros ecosistemas agrícolas, tanto en los llanos costeros como en la zona central montañosa.

Le corresponde al gobierno establecer su interés de proteger los ecosistemas agrícolas mediante el desarrollo e implantación de un instrumento adecuado de planificación y desarrollo integral de Puerto Rico como el PUTPR.

La FAO define el Plan de Uso de Terrenos (PUT) como un proceso sistemático e interactivo llevado a cabo para el desarrollo de un ambiente favorable que promueva la sostenibilidad de los recursos del suelo con el fin de satisfacer las necesidades y demandas de la población presente y futura. Este PUT debe evaluar el potencial físico, social, económico, legal e institucional de una nación y los factores limitantes del uso óptimo y sustentable de los recursos, así como, favorecer el apoderamiento comunitario en la toma de decisiones sobre la distribución y uso de los recursos del suelo.

En este caso, el PUTPR debe contemplar y considerar los siguientes puntos esenciales:
• Indicadores de sustentabilidad que permitan evaluar cuantitativamente el impacto de la agricultura en el desarrollo sustentable del país.
• Contemplar un mínimo de tierra arable por persona, específico para Puerto Rico, para proveer seguridad alimentaria a nuestra población.
• Desarrollo e implantación de otras herramientas de política pública que sustenten su implantación. En este sentido, si no se desarrollan otros mecanismos de política pública que busquen incentivar la conservación de los ecosistemas naturales y agrícolas, en lugar de penalizar esta acción, se haría prácticamente imposible lograr el apoyo de los sectores (e.g. agricultores, dueños de terrenos, y municipios con baja densidad urbana).
• Implantación de un plan de desarrollo agrícola sustentable necesario para sostener la conservación actual y futura de nuestros ecosistemas agrícolas y el desarrollo socioeconómico de la ruralía. Éste debe considerar a su vez los posibles impactos del Calentamiento Global en la agricultura local y mundial.
• Las decisiones finales sobre el uso y delimitación de las áreas de valor agrícola en el PUTPR deben estar basadas en los instrumentos de planificación más actualizados, como las ZAE’s del Servicio de Conservación de Recursos Naturales, Área del Caribe.

No cabe duda que la elaboración del Plan de Uso de Terrenos de Puerto Rico es un asunto de gran importancia. Es nuestra responsabilidad participar activamente en los procesos de participación ciudadana que buscan completar los trabajos de evaluación e implantación de tan importante instrumento de planificación. Las implicaciones del producto de este PUTPR, o peor aún, el continuar sin este instrumento de planificación o relevar esta responsabilidad a los municipios de manera independiente, nos incumbe y afectará a todos por igual, pero principalmente al sector agrícola.

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