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A Caballo Prestado
por Agro. Coral Pérez del Rio, Servicio de Extensión Agrícola
Especial para Agrotemas

Si usted es de esas personas a quien le encantan los caballos, pero sobre todo montar, pero no tiene uno, este artículo es para usted.

A lo mejor es de aquéllos que tienen la suerte de tener un “pana” que tiene caballos y se lo presta de vez en cuando. Si eso es así, créame, que usted comprende una minoría en el mundo de los caballistas. Porque como dice el refrán, “hay ciertas cosas que no se prestan”, y entre los “vaqueros”, por supuesto, está el caballo.

Estos amigos muchas veces resultan ser más listos que nosotros los caballistas y me explico. Ellos no tienen gastos de cuido, mantenimiento y alquiler, entre otras cosas. A eso súmele herrero, equipos, alimentación, etcétera. Ahora bien, ustedes los que andan en caballo prestado tienen una enorme responsabilidad tanto para con el caballo como también para con su dueño. No todo dueño responsable que se precie de querer a su ejemplar lo presta, y si lo hace es con cierto grado de recelo. Hay quienes imponen una serie de condiciones que tienen que seguirse al pie de la letra (yo). También está el otro lado: aquellos a quienes poco les importa, prestan el animal a cualquiera y no miden las consecuencias. Y créanme que se da cada cosa y se vé cada barbaridad.

Mucha gente que usa caballos prestados se molestan y hasta se ofenden cuando el dueño les explica las reglas de juego y exige responsabilidad. Y ni hablar si surge cualquier accidente o lesión y hay una reclamación. Hasta ahí llegó la amistad. Créanme que pasa y más frecuente de lo que creen. Cuando se cabalga un animal hay una serie de riesgos envueltos. Sea usted el dueño o no. Sea usted experto o no. Si usted no desea verse involucrado en un posible accidente, o no está dispuesto a asumir la responsabilidad ante cualquier reclamación que haga el dueño del caballo, píenselo dos veces y mejor no lo pida prestado. Como dije antes, ahí mueren muchas amistades.

Conozca lo básico

Para los que piden caballos prestados, lo menos que deben saber es lo siguiente: reglas básicas de seguridad en la carretera, montar correcta y responsablemente y entender al animal. Hace poco supe de unas amistades que prestaron su yegua y de la “pela” que le dieron casi se desplomó frente a ellos cuando se la entregaron. El caso es que la pobre terminó con laminitis. Y que conste que no estoy hablando de muchachería, era todo un “profesional” adulto el que la llevaba. ¿Qué les parece?

Si le prestan un animal bien arrendado y educado, no lo entregue dañado y con malas mañas. No es justo para el dueño (su “pana”) que le entregó su animal confiando en usted. Tener que reeducar y trabajar el animal para llevarlo a como era antes de que lo dañaran, toma tiempo y esfuerzo. Pregúntele a cualquier montador o caballista experimentado.

Cuando el dueño le pide que siga ciertas reglas y condiciones, acepte. Cada cual conoce a su caballo, recuerde se lo están prestando. Esas reglas y/o advertencias son por su bien y el del caballo. Los que conocen bien al caballo le dirán también lo que hace o deja de hacer y lo que le gusta y lo que no. Pregunte, cada caballo es un mundo y si usted no es muy experto estos detalles ayudan.

Limpieza

Si le prestan el equipo limpio, devuélvalo limpio. Si el dueño del caballo va a montar también, lo menos que puede usted hacer es bañar al caballo que le prestarán. Así como volverlo a bañarlo al regreso. También puede darle una mano al dueño en las tareas de la cuadra. Si rompió algo, repárelo o mejor aún, repóngalo. Cuantos estribos, bridas, sillas, cinchos, entre otras cosas, se echan a perder por personas ajenas al animal.

Estos equipos son caros y es frustrante para muchos dueños cuando el “amigo” rompe algo y se hace de la vista larga. Sea considerado. Ponga las cosas donde las encontró. Esta es otra regla de cortesía para con quien le prestó el caballo. Teniendo en mente estos consejos, disfrute y relájese, después de todo esta montita le está saliendo casi gratis. Sea considerado con el caballo. Llévelo al paso, no lo ajore. No le pida lo que no tiene. Tenga siempre en mente que es ajeno. Agradezca a su amigo por el gesto. Sobre todo póngalo en un pedestal pues ese es de los pocos “vaqueros” que osan prestar su ejemplar, por lo que usted es más que dichoso de tener un “pana” así.

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