La industria lechera, empresa para hacer negocios con razonabilidad
por Jeannette A. Dorta Díaz
Trabajadora Social y Psicóloga
Especial para Agrotemas
“Dedicado a mi abuelo, mi padre y tres hermanos; y a todos los ordeñadores y
trabajadores agrícolas que hicieron posible que yo sea parte de este sector agrícola”.
La industria lechera en Puerto Rico tal cual la conocemos está en riesgo de desaparecer. Esa es una situación alarmante dado que es uno de los pocos sectores nacionales económicos activos y productivos. Este (sector) aporta no sólo a la economía, sino que produce un alimento fundamental. Es irónico que esté en peligro de extinción en el año en que se celebra el 50 aniversario de la creación del Fondo para el Fomento de la Industria Lechera.
Aunque ha tenido cobertura en la prensa televisiva y escrita no parece dársele la relevancia que amerita, en un momento en que la economía puertorriqueña y global está en un proceso de profunda crisis. Como noticia ha sido ubicada en ocasiones en la sección de negocios, y aunque este es un negocio importantísimo, no es un mero negocio. Este no se rige exclusivamente por las leyes del mercado, dado que es una actividad productiva hacia la cual el Estado tiene la obligación de su fomento y de regular su precio (y la ganancia) porque es un bien de consumo de primera necesidad.
Por tanto, recomendaciones como las presentadas en el editorial de uno de los periódicos que planteaba que los ganaderos (y las ganaderas) no debían estar reclamando apoyos gubernamentales, sino que tenían que asumir la competitividad que requiere el mundo de los negocios, es insuficiente. Además, es importante señalar que ese sector productivo no está pidiendo ayuda gubernamental, está pidiendo que se le garantice lo que le corresponde por ley, un esquema de precios razonable para todas las partes.
Esta ha sido una industria que en una época le generó grandes dividendos a los ganaderos y a los dueños de las plantas elaboradoras, pero siempre ha sido una empresa de altos riesgos y costos de producción, en particular para los ganaderos. La crisis actual ha estado vinculada a una variedad de factores, de los cuales se pueden singularizar: los grandes intereses, pobre planificación socioeconómica, la desvalorización de la agricultura, los intereses partidistas, prácticas monopolísticas, el neoliberalismo y la inflación de los últimos años, entre otros. Si consideramos algunos aspectos históricos de la industria lechera en Puerto Rico, se encuentran datos interesantes que han contribuido a la crisis actual.
Cuando se crea el Fondo para el fomento de la industria lechera en Puerto Rico en 1957, había 22 procesadoras de leche, tres de ellas en el área metropolitana (en Río Piedras, en el sector de Hato Rey y en Caparra). Este número se redujo a dos procesadoras, Tres Monjitas y Suiza Dairy desde principios de los años 90.
Sin embargo, desde cuándo no se ordeña una vaca en el área metropolitana. Desde hace ya mucho tiempo, (por lo menos hace más de dos décadas) el 100 por ciento de la producción de leche fresca se lleva a cabo fuera de esa área en vaquerías ubicadas en las zonas noroeste, este y sureste de Puerto Rico, siendo Hatillo considerada la capital de la industria lechera. Con el alto costo del petróleo en esta última década producir leche bajo esa circunstancia ha sido una actividad más costosa.
Si las prácticas monopolísticas y la pobre planificación socioeconómica han afectado a la industria lechera, la compra de Suiza Dairy por la transnacional peruana, el Grupo Gloria, le ha dado el último golpe que esta endeble industria necesitaba en más de un sentido. Como empresa extranjera, esta corporación llegó con la ambición de recuperar su inversión lo antes posible. Con su solicitud de intervención de parte del Tribunal Federal, atenta contra un ordenamiento jurídico que regula esa industria para garantizar la producción de un alimento de primera necesidad a un precio justo para los y las consumidores/as y con una ganancia razonable para los productores, plantas procesadoras y distribuidores. Este ha sido un modelo económico exitoso por muchas décadas. Este tipo de modelo económico capitalista con ese tipo de conciencia social, está en peligro de extinción por las tendencias neoliberales que claman y presionan para desreglamentar los mercados, para tener el control de la producción y la libertad de fijar precios y por consiguiente su ganancia sin tomar en consideración a los/as consumidores/as. Esa parece ser la intención de Suiza Dairy, controlar el mercado de la producción y venta de leche en Puerto Rico y poder fijar sus propios precios, aunque sea leche importada.
En su solicitud, la Suiza Dairy y Tres Monjitas recibieron el apoyo del Juez Domínguez, quien estableció un desbalance en la distribución de la ganancia a favor de quienes elaboran, en vez de quienes producen, a la vez que interfirió en un asunto que está regulado por el gobierno de Puerto Rico, asumiendo indebidamente la función de Reglamentador de la Industria Lechera. Ese fue el último zarpazo que el sector de productores podía tolerar, tras estar trabajando por los pasados siete años sin un aumento razonable a sus ingresos, y teniendo que continuar produciendo con aumentos en todas las áreas indispensables para la producción, tales como electricidad, agua (400 por ciento), alimento de ganado, impuestos (IVU), entre otros.
Aunque este es el mismo escenario que están viviendo otros sectores empresariales y todo(a) puertorriqueño (y puertorriqueña) que vive de ingresos fijos, esta industria es de vital importancia porque se trata de la agricultura de un país. Se trata de una de las pocas empresas del país que producen alimento y que nutren la economía con producción, empleo y dinero para circulación.
Sin embargo, a los ganaderos la situación le ha llegado al punto que no es sólo que no tienen ganancia, es que no tienen dinero para pagar los costos operacionales (pagar nómina, alimento utilidades,) etc. Para ellos (y ellas), desde la decisión del juez Domínguez es como ir al trabajo y que no te paguen el día 15 y 30 de cada mes y encima debes más de 1 millón de dólares al banco por los costos operacionales del negocio.
Es preocupante que se atente contra un sector productivo que ha tenido la capacidad de mantenerse a pesar que desde los años 50 con el Proyecto Manos a la Obra se ubicó a la industrialización y la manufactura como los únicos huevos de la canasta económica, y se comenzó un proceso paulatino de abandono de la agricultura. En esta coyuntura histórica actual, al sector ganadero representado por un ganadero de Hatillo (que significa pedazo de terreno pequeño dedicado al ganado) desde la Asociación de Agricultores le corresponde luchar frente a Hato Rey como símbolo del hato del rey que ya no es hace mucho tiempo, el hato que pasó de ser una finca a ser un centro comercial (el primero en Puerto Rico) y el hato en el que ubica la milla de oro. En esta confrontación, los Fonalledas, dueños de Tres Monjitas y de Plaza Las Américas ni siquiera han dado la cara, quien habla con la prensa en representación de las productoras es una representante del Grupo Gloria. Su invisibilidad levanta sospechas en cuanto al beneficio que resultaría de la desaparición de muchas de las vaquerías para sectores interesados en terrenos que perderían su uso agrícola y para quienes el capitalismo desregulado les resulta una gloria.
Este es un momento en que urge apoyar no sólo la industria lechera, y lo que queda de la agricultura en Puerto Rico, sino a un modelo económico más responsable socialmente. Sé que es difícil solicitar apoyo para quienes en un momento tuvieron posiciones de privilegio dentro del sector agrícola.
Sin embargo, la desaparición de este sector, puede tener repercusiones profundamente adversas en el ámbito humano, social, económico y nacional.
La actitud del gobernador Aníbal Acevedo Vilá de no cuestionar con acciones firmes la intervención del Tribunal Federal en la regulación de la distribución de la ganancia en la Industria Lechera y su renuencia en cuanto a imponer un aumento al precio de la leche de 17 centavos por razones electorales (cuando no escatimó en aumentar el agua en un 400 por ciento e imponer el IVU), ponen en peligro a esta industria. La quiebra y desaparición de este sector agrícola resultaría en el cierre de hasta 320 fábricas agrícolas (eso es lo que es una vaquería), lo cual generaría la pérdida de un estimado de más de 25,000 empleos directos e indirectos) y la pérdida de más de 400 millones de dólares para los bancos, por préstamos incobrables. Eso no sólo le costaría las elecciones, sino que agudizaría la crisis económica del país y de cada persona involucrada en esa industria, y afectaría la capacidad prestataria de los bancos. Además, si no se produce leche en Puerto Rico, habrá que importarla y venderla al precio que decidan los importadores. Esa leche sí que va a ser cara.
Es hora de comprender que el capitalismo, como toda actividad humana es de naturaleza social, o sea implica una relación de interdependencia entre las partes. Si la balanza se inclina demasiado hacia una de las partes, las otras no van a tener la capacidad de asumir lo que les corresponde en el proceso de producción, elaboración, distribución, venta y compra del producto para que el sistema se mantenga. La situación requiere hacernos conscientes que la destrucción de una de las partes afectará adversamente a muchas otras en el corto y el largo plazo y que el bien personal está vinculado al de otras personas.
Apoyar a la industria lechera hoy mantendrá la existencia de leche fresca a precios regulados siempre. Protejamos la agricultura hoy, mantengamos la actividad económica productiva. Evitemos que Puerto Rico siga convirtiéndose en un gran centro comercial y de venta de servicios, y donde los puertorriqueños y puertorriqueñas continuemos viviendo en un escenario tan violento a la merced de los intereses de las grandes corporaciones, en detrimento de los mejores intereses de cada ser humano.
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