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La agricultura: alternativa efectiva para reducir la pobreza
por Agro. Carlos A. Flores Ortega
Especial para Agrotemas

La agricultura puertorriqueña como sector económico ha sido seriamente subestimada por décadas, pero se ha agudizado en los pasados cuatro a cinco años como resultado de la falta de un plan estratégico que pueda enderezar la tendencia decreciente que lleva este sector tan importante para nuestra economía y nuestra sociedad. Es preciso ver cómo el Gobierno ha apostado todos sus recursos en promover el desarrollo de empresas de alta tecnología, turismo y servicios, olvidando que estas empresas reclutan en un alto grado, solo a personas con preparación académica y técnica, algo muy distinto a lo que gran parte de nuestra población de la zona rural necesita. Estas empresas en su mayoría son multinacionales o subsidiarias de otras corporaciones mayores que repatrian sus ganancias y sólo les interesa establecerse en la isla cuando las condiciones económicas les favorecen, pero tan pronto el escenario cambia, así también su compromiso de permanecer en la isla.

Los resultados estadísticos que publica el Censo Agrícola Federal reflejan una reducción en casi todos los renglones agrícolas en Puerto Rico. Algunos indicadores importantes como el número de fincas tuvo una reducción de 19,951 fincas registradas en el 1998 a 17,659 fincas en el 2002 y una reducción de 865,478 cuerdas registradas en el 1998 a 690,687 cuerdas registradas en el 2002. Como consecuencia se observó una reducción de 19,951 individuos o familias dedicadas a la actividad agrícola en el 1998 a 15,843 en el 2002. El resultado ha sido una reducción de 40,799 obreros agrícolas contratados en el 1998 a 31,736 obreros contratados en el 2002. Las proyecciones para el próximo informe del Censo Agrícola Federal 2006 no son muy alentadoras y más bien esperamos ver la misma tendencia.

Otro indicador importante que demuestra el estancamiento y eliminación de la inversión en estructuras, tecnología e infraestructura, es la reducción en el valor a nivel de finca de maquinaria y equipos agrícolas que se estimó en $283,168,952 en el 1998 y bajó a $216,290,388 en el 2002. El resultado final ha sido una reducción en el valor total de todas las empresas agrícolas de $593,081,964 estimado en el 1998 a $581,543,942 en el 2002.

Recientemente el Director General del Instituto Interamericano de Cooperación Agrícola (IICA), el Dr. Chelston Brathwaite, publicó un artículo que debería ser estudiado por los planificadores y estrategas económicos del sector agrícola en Puerto Rico. En su artículo “The New Vision for Agricultural and Rural Life in the Americas”, el Dr. Brathwaite expone la importancia de la agricultura en la reducción de la pobreza debido a que la mayoría de esta actividad se realiza en la zona rural donde a su vez existe una gran parte de la población con alto nivel de pobreza. Pensemos por un momento; ¿Cuantas familias en Puerto Rico podrían mantener su status actual de vida si dejaran de recibir las ayudas económicas federales?, ¿Cual sería el nivel de pobreza en Puerto Rico si se eliminaran estas ayudas?, ¿Tenemos un problema de pobreza encubierta en Puerto Rico y lo encubrimos con las ayudas de mantengo?, ¿Se resolvería el problema con un mayor número de empresas de alta tecnología o necesitamos diversificar las oportunidades para sectores de nuestra población que no les interesa o por la razón que sea no han podido prepararse académicamente?

El doctor Brathwaite expone, que sin la modernización de la agricultura a través de la inversión en infraestructura agrícola, adquisición y adaptación de nueva tecnología, educación y cuidados de salud de la población rural, los niveles de pobreza continuarán indefinidamente. Haciendo referencia a un estudio publicado por el Banco Mundial sobre reducción de la pobreza, se estima que con una reducción de un diez porciento en los niveles de pobreza, se incrementa el crecimiento económico en un punto porcentual. Sin embargo, un aumento de un diez porciento en los niveles de pobreza pueden reducir el nivel de crecimiento económico en un punto porcentual y una reducción de hasta un ocho porciento en el ingreso bruto del sector debido principalmente a la reducción en las inversiones.

Chile es un ejemplo de un país que recientemente pudo reducir sus niveles de pobreza a través del desarrollo de estrategias agrícolas. La razón principal para este éxito fue la consistencia en sus planes de acción y una serie de medidas sistemáticas y de política pública que promovieron en corto tiempo la integración de pequeños agricultores en la economía nacional. Algo que en Puerto Rico se logró con la Corporación de Desarrollo Rural hace muchos años, principalmente con el desarrollo de la industria de pollos parrilleros, pero parece que esto ha pasado al olvido.

Se sabe que en el futuro cercano, la agricultura tendrá una nueva dimensión en el mundo con la creciente utilización de cultivos para la generación de energía. Un aumento en la demanda por alimentos sanos y nutritivos y la necesidad de aumentar la producción de alimentos en mas o menos la misma cantidad de cuerdas sin contaminar ni afectar el ambiente, son los nuevos retos que enfrentamos. Para esto definitivamente es necesaria la inversión gubernamental y un plan de acción consistente que este avalada por lo propios agricultores y agroempresarios y no sujeto a cambios arbitrarios cada cuatro años según los vaivenes políticos.

Puerto Rico no se puede quedar atrás, necesitamos movernos en esta dirección y lograr cambios que puedan demostrar que la agricultura es una alternativa real y no romántica para reducir los niveles de pobreza en la isla. Debemos entender que hay una gran diferencia entre ser un agricultor o empresario agrícola y ser un obrero agrícola. Muchas familias puertorriqueñas desearían tener un negocio que cubra sus necesidades económicas durante todo el año y estarían dispuestos a ser autosuficientes si a través de este esfuerzo pueden progresar y tener una vida digna. Lo que el puertorriqueño no desea es trabajar en la agricultura de temporada sin la seguridad de empleo ni de salario que proveen otros sectores económicos. Pero si se proveen las alternativas para que este obrero agrícola pueda trasladarse de una empresa a otra o realizar variables tareas durante todo el año con las mismas garantías de empleo y beneficios que en otros sectores, entonces si tenemos un gran potencial para reducir los niveles de desempleo y pobreza que se reflejan en los municipios de la isla.

Aunque lo que hemos visto hasta ahora en el desarrollo agrícola del país va en la dirección contraria, no pasará mucho tiempo en que esto cambie y venga una administración con más imaginación y compromiso para redirigir la agricultura por el camino correcto. Al menos, la esperanza es lo último que se pierde.

redaccion@agrotemasonline.com