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“Oreo”, el recogido
por Agro. Coral Pérez del Río
Servicio de Extensión Agrícola de Puerto Rico
Especial para Agrotemas

Esta es otra de las historias que tanto gustan sacadas de la vida real. Los sucesos aquí contados ocurrieron hace más de diez años. El protagonista ya cabalga en las praderas celestiales. Por lo que aquellos que se sientan aludidos, no tienen nada que temer, y menos aún reclamar algo. Lo que leerán a continuación es una experiencia más de las que como caballista de toda la vida, me ha tocado vivir. Experiencias que aunque marcan, se atesoran porque enseñan tanto. Este es un ejemplo más del cuatrerismo, la crueldad y abuso que algunos bandidos cometen hacia los caballos y que en mis manos tuvo un final casi feliz.


En una calurosa mañana de junio del año 1997, camino a mi trabajo, tirado en el área del paseo justo a la entrada del pueblo de Juncos, me encuentro este caballo. Detengo la marcha y miro. Pasa un hombre a pie, camino al correo y me grita: “está muerto, lo mataron anoche”. Callo y observo. Pienso, ‘no está muerto na. Está vivo. Lo sé, lo veo respirar’. Me bajo del carro, me acerco. Puedo observar que el pobre animal está lo que se conoce en el argot caballista “explotado”. Los cuatro cascos gastados hasta sangrar, lleno de golpes y sudoroso. Le miro los ojos. Tiene ojos de cabro. Amarillos, tan amarillos como jamás he visto otros igual. Para colmo es pinto. Y pinto negro. Le acaricio la frente y le digo: “espérame cariño que vengo ya.”
Me fui directo al cuartel de la policía. Allí le expliqué todo a un sargento. Mientras le explicaba, llegó otro hombre que corroboró la información pero también insistía en que el caballo estaba muerto. Le informé al sargento de mis intenciones. Recogerlo, llevármelo, curarlo y al que osara reclamarlo lo denunciaría por la Ley #167 de maltrato y crueldad hacia los animales. Después de varias llamadas, finalmente un juez dio la autorización. Entonces empezó la odisea. Una llamada telefónica a uno de mis agricultores, caballista también y ya tenía la pick-up. Otra llamada y ya tenía la finca-escondite para curarlo y recuperarlo. En menos de lo que canta un gallo, estábamos recogiéndolo.

Todavía estaba tirado a puro terrero de sol. Estacionamos la pick-up lo más cerca posible creyendo que en las condiciones en que se encontraba, tendríamos que casi echárnoslo encima, pero que va. Abrimos la compuerta de la caja y como un resorte se levantó. Como si supiera que habían llegado sus salvadores. Le puse un jakimón y la soga y en un santiamén estaba trepado en la pick-up. Siempre he dicho que los caballos son súper inteligentes. Este animal percibió nuestras intenciones, sabía que lo íbamos a ayudar.

Durante el camino viajó como un general y en la finca- escondite estuvo dos semanas. Yo aprovechaba, y entre visita y visita, a los agricultores del sector, lo iba a curar. Guardé los recibos de cuánto gasto incurrido en medicamentos, inyecciones, alimento y otros, por si alguien aparecía a reclamarlo, tal y como me habían orientado en el cuartel.

Como era negro y blanco me dio con ponerle por nombre Oreo (allí nació la dinastía de las galletas, ja, ja). A las dos semanas me lo llevé para Yauco. Yo tengo muchos animales y mi interés no era quedarme con él. Sólo quería buscarle un buen hogar, alguien que lo quisiera y lo tratara bien. Se lo ofrecí a raimundo y todo el mundo. Nadie lo quiso. Todos lo encontraban feo, y le encontraron mil defectos. Pero yo iba a él, sabía lo que había, pues aunque nunca lo monté, sí lo vi ejecutando el paso.

También volaba bajito a andadura. Terminé quedándome con él. Lo enjaulé, aunque a el nunca le gustó la jaula. No soportaba verse enjaulado. A los dos meses “floreció”. Se transformó, mudó su pelo, las costillas desaparecieron, las crines le crecieron. Entonces todo el mundo lo quería. Lo siento por ellos, muy tarde, ahora sí que no.

Pasó el tiempo. A una querida colega se le muere su caballo pinto. Como estaba tan afligida le ofrecí al “recogido”. Oreo vuelve al este. Estuvo por allá como dos años. Lo usaban en su finca de vez en cuando. Le dije a mi amiga que lo usara para servir alguna de sus yeguas, pues el había dejado en Yauco unos potros que se veían muy bien. Nunca me hizo caso. Una tarde mientras lo llevaban por la carretera después de una monta, mi amiga y su esposo pasaron un susto. Unos tipos se acercaron y le reclamaron al caballo como suyo. El esposo de mi amiga se asustó, y me lo devolvieron. Oreo volvió al sur. Estuvo una temporada prestado en una finca padreando. Sus hijos hablaban por él. Todo lo que dio fue crema. Su fama creció. Los potros eran dominantes para el color Pinto-negro o pinto. Calidad fue lo que dejó. A mí me dejó dos animales que estoy segura que de su cosecha fue lo mejor de lo mejor. Digo yo que no podía esperar menos, siendo yo su ángel guardián.

El caso es que se hizo tan famoso padreando, que todo el mundo quería castar de él. Hasta que un día en contra de mi voluntad lo prestaron sin mi consentimiento. Cuando lo supe ya llevaba casi dos semanas en la finca en cuestión. A los pocos días, supuestamente murió. La razón que dieron todavía no me convence, ya que él era un animal que sabía de fincas, de estar suelto, bajar riscos, ir tras la manada de yeguas. Mandé a alguien a que buscara el cuerpo, pero nunca apareció. Todo ocurrió muy rápido, sospechoso. Y pues la mente de un caballista experimentado corre a las millas.

Como dije al principio, han pasado más de diez años y sé que el gran Oreo ya cabalga libre y feliz en las praderas celestiales. En cuanto a lo de la “dinastía de las galletas”, sucede que todos sus hijos o hijas llevan el nombre de una en honor a él (por lo menos los míos). En las pistas de andadura sus hijos dejaron huella. Todavía hoy nos preguntan por sus hijos. Los que quedan que son pocos valen $$$ y sus dueños saben lo que tienen y no los sueltan por nada. Su hijo “Bimbo” ya se estrenó como padrote y estos potros aún sin nacer ya están vendidos. Sé que la “dinastía de la galleta” seguirá, pues con ese par que me dejó yo me encargaré de darle continuidad para que le hagan honor a ese padre especial que tuvieron que aunque “recogido” en plena calle después de haber sido torturado y maltratado, demostró sus kilates como padrote y de eso, todo el que conoce y sabe, no le queda la menor duda.

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