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El misterio de las “abejas locas” Hace unas semanas recibí un correo electrónico de mi estimado colega y amigo, el Dr. Fernando Gallardo. En él había una copia de un artículo de la prensa Gallega titulado “Los apicultores estudian las causas del despoblamiento de colmenas” (La Voz de Galicia lavozdegalicia.es). El artículo contenía información, hasta ahora poco reseñada en Puerto Rico, pero de gran preocupación para todo aquel que vive de la agricultura. Decía que, por diversas razones, los apicultores en Galicia (España) experimentaban lo que otros en Europa han descrito como el mal de “las abejas locas”. El nuevo mal, con ese nombre tan sugestivo al mal de “las vacas locas,” es el centro de una confusa disputa en Europa entre ambientalistas, apicultores, agencias reguladoras, y la compañía alemana Bayer Crop Science, manufacturera de un producto que algunos asocian con el misterioso mal. Las características del síndrome de las “abejas locas” lo son: Abejas obreras que salen de su colmena y que no regresan, porque no saben cómo; Obreras que no saben qué hacer en la colmena; Celdas mal formadas, larvas mal nutridas y sucias por falta de limpieza; Desorientación espacial en vuelo; Imposibilidad de transmitir a otras obreras la dirección correcta de alimentos; Alas malformadas e hipoglucemia. La compañía productora de imadacloprid, Bayer Crop Science, por su parte ha protestado la postura del Ministerio alegando la falta de base científica para justificar la prohibición. Bayer, citando estudios en Alemania, Argentina y otros, alega que no es el imidacloprid el causante del mal, sino una combinación de factores naturales lo que está detrás del mal de las abejas locas. Señalan representantes de Bayer que gran cantidad de estudios demuestran que una mezcla de males comunes, como lo son el ácaro de la Varroa, el hongo microsporidio Nosema y los virus, están causando la mortandad. Reclaman la corporación el levante total de la prohibición de imidacloprid debido a que la evidencia científica no sustenta la acción Ministerial. Recientemente, una corte francesa falló en contra de un recurso legal incoado por la Bayer contra el Ministerio y los apicultores para levantar las sanciones contra su producto. Antes de proseguir, quiero explicar cómo funciona el concepto del “Principio de Precaución.” El Artículo 15 de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1992) contiene la siguiente proclama: Esta doctrina ambiental ha sido objeto de agrias críticas por parte de gobiernos no-signatarios de la Declaración de Río, como el de los Estados Unidos. El argumento principal de los detractores se centra en la desigual aplicación de las reglas de la evidencia científica. Señalan que, bajo el “Principio de la Precaución,” la preponderancia de evidencia a favor de un argumento no importa si existe aunque sea la más minúscula duda sobre su veracidad. Sus defensores, científicos y miembros de la oficialidad gubernamental de la Unión Europea, objetan vigorosamente tal implicación argumentando que la preponderancia de evidencia no necesariamente implica la corrección de un argumento. Proponen éstos que, si hay que errar sobre una acción, es preferible hacerlo siempre a favor de la protección del medio ambiente y de la salud del ciudadano, y no a favor de la evidencia científica, especialmente cuando esta no es fuerte. Por desgracia, la evidencia científica en este caso es, precisamente, débil, confusa y contradictoria. Tomemos, por ejemplo, la discusión sobre la existencia de residuos tóxicos de imidacloprid en el polen y en el néctar (del que se nutren las abejas). Un amargo debate sobre este tema se desarrolla de la siguiente manera: Los defensores de la prohibición sostienen que la evidencia científica desarrollada por el Instituto Nacional para Investigaciones Agrícolas (INRA por sus siglas en francés) demuestra una toxicidad crónica en abejas a bajísimas concentraciones. INRA determinó que sólo 1-5 partes por billón (ppb) causan el síndrome, y que esos son niveles comunes en polen y néctar de plantas tratadas con el insecticida. También existe la posibilidad, argumentan los partidarios de la prohibición, que el uso masivo e indiscriminado de imidacloprid ha causado grandes acumulaciones en el suelo francés, por lo que aseguran que sus efectos destructivos a las abejas continuarán por mucho tiempo. Los defensores del uso de imidacloprid, incluyendo la compañía Bayer, argumentan que dichos niveles están por debajo del nivel de detección confiable del plaguicida. Es decir, ningún método actual puede determinar con seguridad niveles tan bajos como 1-5 ppb. Por tanto, asegura Bayer, los datos de INRA no son ni ciertos, ni confiables. También, presentan evidencia que el imidacloprid no se acumula en los suelos, y que sus efectos tóxicos en las abejas ocurren sólo a concentraciones mayores de 40 ppb. Los favorecedores del uso de imidacloprid dicen que este agroquímico no puede ser el causante del mal, apuntando que luego de 6 años de prohibición aún no se observa disminución en la incidencia del mal en Francia. Otra complicación reciente es la posibilidad que otro plaguicida esté relacionado con el mal. Los apicultores franceses ahora apuntan al insecticida Regent® (fipronil), anteriormente de la Bayer y ahora de la también alemana BASF, como otro posible causante del colapso de las colmenas. En el 2004, el entonces ministro de agricultura francés, Hervé Gaymard prohibió el uso de fipronil en Francia, también usando el Principio de Precaución. Al igual que la formulación de Gaucho, Regent se usa en maíz como protectante de la semilla, y se aplica mayormente a la semilla o al suelo al momento de la siembra. En definitiva, a pesar de mucha evidencia de una parte y de la otra, todavía no se conoce a ciencia cierta la causa del mal de las abejas locas. Sólo sabemos que algún factor parece estar debilitando el sistema inmunológico de las abejas, y que su efecto puede ser devastador para la agricultura a nivel global. El debate continúa y el mal se esparce a otros continentes. Y al ver las barbas de mi vecino en llamas, me pregunto, ¿… y esa cosa está aquí? Finalmente, debo decirles todo esto me recuerda las palabras de un querido profesor de mi educación Colegial, el Dr. Stuart Ramos, y sobre las discusiones en su clase de ecología, en la que sabiamente nos decía sobre los plaguicidas: (1) “No existen las balas mágicas”, y que (2) “La especulación nunca no es sustituto para la ciencia”. Si tiene preguntas o comentarios entre a nuestro FORO |